Ischigualasto - Talampaya 2014

Después de algún tiempo de no realizar paseos importantes ni publicarlos debido a que lamentablemente tuve que atravesar por una separación matrimonial,  los ánimos por estos tiempos están renovados y me permiten volver a compartir una entretenida ¨escapada¨ a los parques Ischigualasto y Talampaya, ubicados en las provincias de San Juan y La Rioja respectivamente. 

Esta vez mis compañeros de aventura serían mi actual pareja, Valeria, y sus dos hijos, Facundo (13) y Federico (16). El primer destino sería el denominado ¨Valle de la Luna¨, ubicado en la provincia de San Juan. 

Partimos alrededor de las 5:30 a.m. desde Villa Santa Cruz del Lago, sobre la RN 38, la cual nos llevaría hasta la provincia de La Rioja. El amanecer nos encontró en el límite interprovincial, aprovechamos para detenernos, estirar las piernas y fotografiar los típicos carteles de bienvenida. 

Nota: hacer click sobre las fotos si desea obtener una vista de pantalla completa



Nos llamó la atención una escultura representativa de la provincia. De acuerdo a mi interpretación, en su base estaría ilustrado el pasado aborigen, más arriba las manos del pueblo sosteniendo a la provincia, en su parte superior los caudillos nativos que han luchado por un gobierno más federal  y por último el cardón, su planta característica.  




Ingresamos a la provincia de La Rioja, atravesamos las localidad de Chamical y apenas pasamos Patquía doblamos hacia la izquierda por la RN 150 que nos llevaría hasta la provincia de San Juan. 

Desde este tramo en adelante ya se logran apreciar vistas de singular belleza, en este caso los mogotes  ¨Los Colorados¨,  que conforman un extenso paredón rojizo, irregular, destacándose en el árido entorno. Pertenecen a la Sierra de Paganzo. Los estratos de los mogotes colorados aparecen en otros puntos de la provincia como Talampaya, lugar que visitaríamos al día siguiente. 
(Fuente: http://naturalezayculturaargentina.blogspot.com.ar/2012/11/los-colorados.html)






Sierra de Paganzo desde la RN 150, La Rioja.


Nos detuvimos a observar más de cerca el entorno.




La Sierra de Paganzo hacia el frente.






Y algunas formaciones del Parque Provincial El Chiflón hacia la derecha.







A pocos kilómetros de la entrada al mencionado parque, se ingresa a la provincia de San Juan.






Atravesamos la localidad de Los Baldecitos, continuamos por la RN 150 hasta llegar a la bifurcación que nos llevaría a la entrada de nuestro primer destino. Sobre la izquierda se encuentra un destacamento de la policía provincial, y un simpático ¨vehículo¨ que aprovechamos para fotografiar. 






Recorrimos los kilómetros que separan este lugar de la entrada propiamente dicha y arribamos a la Oficina de Guardaparques. 







Réplica tamaño original  en resina a la entrada de la Oficina de Guardaparques. Atrás el Museo de Ciencias Naturales y el restaurant del complejo.


Apenas traspusimos la barrera de entrada, un guardia de seguridad nos guió para estacionar nuestro auto en la fila que se estaba armando por orden de llegada, pagamos las entradas correspondientes y nos dispusimos a recorrer las instalaciones hasta que se hiciera la hora de partida. 


Desde un mirador ubicado a un costado de las instalaciones, se obtenía una vista panorámica del lugar.






Comenzamos el recorrido de 40 Km por un camino de ripio consolidado y sin mayores inconvenientes, apto para todo tipo de vehículos.



El guía designado es trasladado en el primer auto, y en cada estación ofrece a los visitantes una breve descripción del lugar.  La primera fue en la formación denominada ¨El Gusano¨.




El parque es el único lugar donde puede verse totalmente al descubierto y perfectamente diferenciado todo el periodo triásico en forma completa y ordenada. Se calcula que las formaciones geológicas de este sitio tienen una antigüedad entre 180 y 230 millones de años.

Es aquí donde pueden observarse en uno de sus aleros fósiles de helechos, lo cual indica que la región estuvo alguna vez formada por una gran llanura con características tropicales, surcada por ríos, grandes lagos y pantanos. 


Fuente: http://www.geolocation.ws/v/P/90263359/restos-fosiles-de-helechos-el-gusano/en#

Rondaba el mediodía,  y a pesar de que estábamos en el mes de agosto, el calor era agobiante. 

La segunda parada es en la formación ¨Ischigualasto¨, que da el nombre al parque,  también denominada ¨Valle Pintado¨. 




Está constituido por un paquete de rocas grises, blanquecinas y moradas. Es por la fisonomía de esta parte que al lugar se lo conoce como ¨Valle de la Luna¨.





En esta formación han sido encontrados la mayor cantidad de fósiles de vertebrados de la cuenca de Ischigualasto, además de una copiosa colección de restos vegetales de hojas y troncos fósiles del Triásico Superior.





El Camino desciende hasta la formación propiamente dicha, atravesándola y permitiendo al visitante observar el lugar desde mucho más cerca. 




Dejamos atrás esta parte y continuamos el recorrido. Unos kilómetros más adelante nos detuvimos en una especie de playón para poder acceder a pie al próximo punto del paseo.




Desde aquí, zoom mediante, se logra una majestuosa vista del Cerro Morado, otra de las atracciones del parque, cuya cima es el  punto más alto, y desde donde después de caminar 3 horas se obtiene una vista de 180° del entorno.




Además, nos deleitamos con una panorámica del campo Ischigualasto y el cordón  ¨Los Colorados¨ como telón de fondo.




El sendero que nos llevaría a la tercera estación cruza el ancho lecho de un río seco. 


Lecho de río en Parque Provincial Ischigualasto, al fondo el Cerro Morado, el punto más alto del parque. 

Esta breve  caminata nos permitió apreciar las caprichosas formas de las rocas, en este caso ¨La Esfinge¨.




Minutos más tarde, ya estábamos en el lugar indicado.




Se trata de un espacio de aproximadamente 100 m2 cubierto por formaciones circulares denominadas ¨concreciones¨.  También se han formado hace alrededor de 200.000.000 de años en el período Triásico. Lamentablemente en la actualidad  sólo pueden observarse una cuarta parte de lo que alguna vez existió, ya que la desaprensiva mano del hombre las fue destruyendo o bien retirando del lugar.






Su origen es controversial. Para algunos geólogos son un misterio de la naturaleza, otros han concluido  que este proceso de formación comenzó siendo un pequeño núcleo (insecto, hoja, fragmento de hueso) ubicado debajo de la tierra en algún sitio húmedo. Este núcleo fue agrupando sedimentos alrededor formando una ¨bolita¨, la cual fue  creciendo en capas circulares, similar al proceso de formación de las perlas.  El carbonato de calcio fue el responsable de ¨pegar¨ las capas y la erosión se encargó de hacerlas aflorar a la superficie.  





A pesar de haber visitado el parque algunos años atrás, la Cancha de Bochas volvió a resultarme la parte más cautivante del recorrido. Sin embargo, al paseo todavía le quedaban dos estaciones más, menos ¨científicas¨ que las primeras tres, pero no por ello menos atractivas. La siguiente es la formación llamada ¨El Submarino¨.




Está ubicado sobre una parte más elevada del terreno, lo que facilita apreciar gran parte del entorno.



Turistas recorriendo las inmediaciones de El Submarino con el cordón Los Colorados de fondo.



Retomamos la marcha, el camino se acerca a Los Colorados, el cordón ubicado en el extremo oriental del parque, que oficia de telón de fondo de gran parte del lugar. 




Afortunadamente logramos apreciar algo de la fauna autóctona, en este caso un guanaco que se había separado unos pocos metros del grupo.




Como corolario de este fascinante recorrido, visitamos El Hongo, una de las postales del parque y de la provincia. 





Aquí nuestro guía nos dio la despedida y nos indicó que regresáramos con precaución, permitiéndonos detenernos a tomar alguna foto pero siendo cuidadosos del entorno. 



Circuito Parque Provincial Ischigualasto
Fuente: http://profesticepet5.files.wordpress.com/2008/11/ischigualasto-turismo-vivencial-circuitos.jpg


Al llegar al Centro de Informes, y previo almorzar tipo picnic en ese maravilloso contexto, aprovechamos para visitar el Museo de Ciencias Naturales, donde se pueden observar réplicas tamaño real de algunos de los dinosaurios que habitaron el lugar.








El primer objetivo del viaje había sido logrado. Contentos de haber disfrutado de una experiencia altamente gratificante nos dispusimos a continuar nuestro viaje hacia la localidad de Valle Fértil, distante aproximadamente 75 km. 



Fuente: http://www.travelsanjuan.com.ar/mapas_lunar.html



Allí debíamos conseguir alojamiento, ya que no habíamos reservado previamente. Después de una breve búsqueda, nos hospedamos en cabañas Valle del Sol, las cuales resultaron cómodas y económicas.


Vista de las cabañas desde el jardín / cochera a la mañana siguiente. Al fondo, parte del cordón  Sierra de San Agustín. 

Una vez acomodados, y después de una reconfortante ducha, decidimos recorrer el  centro y eventualmente encontrar algún lugar para cenar. Como en casi todas las ciudades de nuestro país, la plaza es el punto donde se concentran la mayor actividad y desde donde se comienza a recorrerlas.




Finalmente elegimos La Gran Picada, donde paradójicamente no nos decidimos por su especialidad sino por pizzas, las cuales resultaron muy ricas, el ambiente muy acogedor y la decoración...





muy original...





A dormir temprano ya que al día siguiente teníamos planificado trasladarnos hasta la provincia de La Rioja para visitar el Parque Nacional Talampaya. 




Nos aprovisionamos de combustible y algunos vieres y partimos, previa visita al Dique San Agustín y sus alrededores. 






El día amaneció con un cielo diáfano, la temperatura era muy agradable, corría una fresca brisa que invitaba a la contemplación y el disfrute del lugar. 



¨La Isla¨ desde la costa del Dique San Agustín. 

La Hostería Valle Fértil,  situada sobre una colina, brinda una maravillosa vista del Lago San Agustín.

Permanecimos en el lugar por el término de 40 minutos aproximadamente y nos dispusimos a desandar el camino hasta nuestro nuevo destino. Retomamos la RP 510 hacia la localidad de Usno, donde nos detuvimos a apreciar su capilla.


Capilla de Usno con la Sierra de Valle Fértil de fondo. 


Volvimos a pasar por la bifurcación que lleva a Ischigualasto, esta vez continuamos por la misma ruta hasta interponer el límite provincial. Apenas ingresamos a La Rioja, doblamos a la izquierda por la RN 76, los carteles indicaban que ya estábamos dentro del Parque.




En el km 144 de la mencionada ruta se encuentra el acceso al Cañón del Talampaya donde al ingresar uno encuentra  un moderno complejo turístico donde funcionan las oficinas de informes para las distintas excursiones.





El lugar ofrece además un amplio restaurante, excelentes sanitarios, oficinas comerciales, un sector para camping (sin sombra) y un llamativo sendero temático con réplicas de dinosaurios que habitaron la zona.





Averiguamos sobre las opciones de recorrido. El Cañón del Talampaya es apenas una porción del parque que tiene una extensión de 215.000 ha. Se recorre a través del lecho seco del río homónimo, siempre acompañado de un guía. 




El paseo  ofrece cuatro estaciones, y a diferencia de Ischigualasto, no se realiza en vehículos propios, sino en los autorizados por el parque. Los más atractivos son unos modernos vehículos todo terreno.  




Una segunda opción es realizar el mismo recorrido en mini buses por un costo algo menor, sin embargo ambos resultaron estar fuera de nuestro presupuesto así que optamos por algo mucho más acomodado, y... saludable!




El recorrido en bicicletas no está concesionado por la empresa de turismo, sino que lo administran guías locales organizados en una cooperativa. Fue una decisión muy acertada, ya que se logra estar en estrecho contacto con la naturaleza, con una flexibilidad mucho mayor a los paseos realizados en vehículos, permitiendo al visitante disfrutar del lugar desde sus entrañas. 

Para comenzar el paseo hay que trasladarse en  vehículo propio con el guía unos 17 km hasta un antiguo Centro de Informes. Aquí nos esperaba un segundo guía encargado de las bicicletas, las cuales permanecen depositadas en un contenedor. 

Una vez dadas las indicaciones, se inicia el recorrido. Minutos más tarde ya nos aproximábamos a los impresionantes murallones de 150 mts.





La primera estación es la de los Petroglífos. Se cree que este fue un lugar de paso para quienes habitaron temporariamente las cuevas y los aleros de estas sierras, hace más de 1000 años. Ellos consagraron este sitio enterrando aquí sus difuntos y dejando grabadas en las rocas algunas señales de su cultura. 
Fuente: www.parqesnacionales.gov.ar


Grabados en piedra exponiendo milenarios dibujos y formas en relieve. 

Cada estación está señalizada y acondicionada con prolijas pasarelas de madera. Carteles explicativos permiten al visitante interiorizarse sobre las características e historias del lugar.


Morteros cavados en  piedra. Se estima que pertenecieron a las culturas Ciénaga y Diaguita que poblaron la zona entre los siglos III al X, D.C.
 Fuente: http://www.turismolarioja.gov.ar/nuevo/talampaya.php

Una vez finalizada la explicación del guía, retomamos el camino. La proximidad a los rojizos murallones impresiona y nos hace sentir pequeños ante tamaña inmensidad.





A pesar de haber observado fotografías de la zona, ninguna logra trasmitir su singular belleza y magnitud.




El hecho de recorrer el lugar en esta modalidad nos dio la oportunidad de conocer una parada no contemplada en los vehículos motorizados, una inmensa cueva enclavada debajo del murallón. 




A pesar de estar en agosto, una ola de calor había afectado a toda la región, y  su sombra nos sirvió de reparo a los más 30 grados de temperatura. Después de un reparador descanso, montamos nuevamente las bicis para recorrer el ultimo tramo, siempre sobre la arena firme del cauce del río. Unos añejos algarrobos nos indicaban que estábamos próximos al sitio denominado ¨Jardín Botánico¨





Se trata de un pequeño bosque representado por el algarrobo, el chañar y el molle que contrasta con la aridez del paisaje. Detrás de esta especie de ¨oasis¨ el agua de lluvia creó en la pared de 150 metros una hendidura vertical de forma cilíndrica llamada ¨La Chimenea¨.






Aquí el guía nos pidió que a la cuenta de tres, todos al unisono gritáramos una palabra corta, como por ejemplo ¨hola¨, y estuviéramos preparados para lo que sucedería. Para nuestra sorpresa, ante semejante estructura y envueltos en un grato silencio se produjo un eco de tres tiempos,  como proveniente de detrás de la pared, casi con un efecto ¨sobrenatural¨. Nuestra reacción de sorpresa terminó de distendernos, y ya satisfechos de habernos internado y disfrutado de semejante entorno, nos dispusimos a volver, no sin antes testimoniar nuestra presencia en el lugar.




La excursión en vehículos se extiende dos estaciones más, ¨La Catedral Gótica¨, que sería el lugar más representativo del parque, y ¨El Monje¨. Además, el Parque ofrece otras atracciones, como Cajones del Shimpa, una caminata por la Quebrada Don Eduardo, y otras un poco más alejadas de este sector, como Cañón Arco Iris y Ciudad Perdida. 



Fuente: http://www.talampaya.gov.ar/cartografia.html


Sin embargo, estábamos más que satisfechos con lo realizado, y alrededor de las 16:30 ya estábamos de vuelta en el Centro de Informes. Aprovechamos las instalaciones del camping para almorzar al aire libre y  reponernos,  siempre rodeados de este maravilloso entorno natural. 

El viaje de vuelta transcurrió con normalidad a excepción de alguna demora en Villa de Soto por estar celebrándose sus fiestas patronales. En nuestras retinas quedarían grabados los hermosos paisajes de estos dos parques y en nuestros corazones la alegría de haber compartido una inolvidable experiencia. 

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