Partimos desde Córdoba alrededor de las 13:30 hrs. y promediando la tarde ya estábamos cruzando por la RN 38 los amplios llanos riojanos.
A la altura de Patquia tomamos la RN 74 con dirección noroeste y la ruta nos regaló un hermoso atardecer.
Llegamos a Villa Unión alrededor de las 22:00 hrs., nos alojamos en el modesto y económico hotel Noryanepat, cenamos en un sencillo comedor y nos aprestamos a descansar.
Después de un frugal desayuno al día siguiente nos dispusimos a retomar la RN 76 hacia la localidad de San José Vinchina, desde donde parte la excursión alrededor de las 09:00 hrs. Son poco más de 60 km asfaltados a través del Valle del Bermejo apenas interrumpidos por un puñado de pequeñas localidades como Villa Castelli, Rivadavia, El Condado y La Banda.
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| Museo Arqueológico Quyllar Ñan en el ingreso a Vinchina |
Debido a que este paseo transita por el área protegida Parque Provincial Laguna Brava, y a que las características del terreno son algo difíciles, es obligatorio su ingreso con un guía habilitado. Gracias a las buenas referencias publicadas en Internet, nos decidimos por la Laguna Brava Turismo, una cooperativa de guías locales con suficiente experiencia y cuyos servicios a la postre nos resultaron altamente satisfactorios.
Su propuesta más conveniente es realizar la excursión en caravana de 4 a 5 autos por guía, disponen de elementos de primeros auxilios incluyendo oxígeno, y de un aparato de radio por auto para estar comunicados e ir brindando información durante el recorrido. Cabe aclarar que este paseo es apto para cualquier tipo de vehículo, no es necesario uno doble tracción.
Una vez registrados los vehículos y sus participantes, se los invita a realizar una breve visita guiada al museo arqueológico Quyllar Ñan, sito al frente de la cooperativa, donde se brinda una interesante información sobre los pueblos originarios de la zona.
Inmediatamente después, se distribuyen los guías y comienza el recorrido. Afortunadamente nos tocó liderar la caravana ya que el guía principal nos preguntó si le permitíamos ir en nuestro auto ya que éramos sólo dos ocupantes.
Se transitan las largas cuadras de la calle principal de Vinchina hasta su salida donde un improvisado puesto de guardaparques cobra un módico ingreso al mismo. Apenas un par de km. más adelante se encuentra un centro ritual de pueblos originarios llamado Estrellas Diaguitas, cuya parada en esta ocasión el guía decidió omitir por cuestiones de tiempo y cantidad de paricipantes. La altitud en este punto es de 1370 m.s.n.m.
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| Sitio ritual del pueblo originario Capallan en las afueras de Vinchina. Fuente: http://www.elfederalonline.com |
Dejamos el asfalto y comenzamos a transitar un serpenteante camino de ripio y cornisa que atraviesa la Quebrada de la Troya. Sus montañas tienen formaciones muy peculiares, están inclinadas entre 40 a 45 grados en una dirección de oeste a este debido al choque de placas tectónicas ocurrido millones de años atrás.
Esta cuesta sigue el cauce del río Vinchina (La Troya), ahora llamado río Bermejo.
Sus aguas tienen un largo recorrido; se originan con el deshielo del volcán Bonete, se acumulan en Jagüé, descienden por la quebrada y luego por el Valle del Bermejo hasta unirse con el río San Juan y eventualmente el Desaguadero en Mendoza. Finalmente desaparece en las amplias llanuras pampeanas por evaporación.
Una de las paradas tiene lugar en un meandro de dicho río llamado La Herradura precisamente por su forma.
La segunda estación tiene lugar en una de las geoformas más sobresalientes de esta quebrada, La Pirámide. Estamos a 1600 m.s.n.m. y de a poco estas detenciones nos ayudan a aclimatarnos para evitar el mal de altura.
Esta cuesta sigue el cauce del río Vinchina (La Troya), ahora llamado río Bermejo.
Sus aguas tienen un largo recorrido; se originan con el deshielo del volcán Bonete, se acumulan en Jagüé, descienden por la quebrada y luego por el Valle del Bermejo hasta unirse con el río San Juan y eventualmente el Desaguadero en Mendoza. Finalmente desaparece en las amplias llanuras pampeanas por evaporación.
Una de las paradas tiene lugar en un meandro de dicho río llamado La Herradura precisamente por su forma.
La segunda estación tiene lugar en una de las geoformas más sobresalientes de esta quebrada, La Pirámide. Estamos a 1600 m.s.n.m. y de a poco estas detenciones nos ayudan a aclimatarnos para evitar el mal de altura.
Los 15 km. de la cuesta sirvieron como antesala y entrenamiento en conducción en montaña, ya que los guías a través de sus radios iban brindando valiosos consejos.
Si bien en este tramo existen algunos atractivos más, como la vista de fósiles, árboles petrificados y la visita a otra geoforma llamada Cueva de las Bochas, por cuestiones de practicidad no las realizamos.
Una vez traspuesta la quebrada se retoma una prolija ruta asfaltada que nos lleva hasta la localidad de Jagüé, última población antes de ingresar a la cordillera. Este pequeño pueblo a 2500 m.s.n.m. de apenas 200 habitantes tiene la particularidad de haberse desarrollado sobre el lecho de un río, el cual socavó sus calles dejando un desnivel que puede llegar hasta los dos metros.
Nos detuvimos en una casa de familia que sirve a la excursión como parada de reabastecimiento y uso de sanitarios. Jagüé tiene el aspecto de un poblado del lejano oeste, rodeado de desierto, con numerosas viviendas abandonadas pero enclavado al pie de los Andes. Sus construcciones son mayormente de adobe y techos de paja, lo que permite una aislación térmica muy favorable.
Retomamos el camino, a la salida del poblado traspusimos el último control de guardaparques debido a que se ingresa oficialmente a la reserva . De aquí en adelante comienza la soledad andina. La ruta asfaltada sube entre lomas de colores variados, morado, rojo, ocre, amarillo, marrón y azul.
Comienza nuevamente el ripio, se atraviesa la Quebrada de Santo Domingo, y un llamativa construcción de piedra nos invita a otra detención. Se trata del Refugio del Peñon, uno de los catorce que los presidentes Mitre y Sarmiento mandaron a construir para albergar a los arrieros de ganado vacuno que transportaban sus cabezas hacia Chile en la segunda mitad del siglo XIX. Su forma se asemeja a los nidos de hornero, de forma circular con paredes de piedra unida con argamasa (mezcla de cal y tierra). Su diseño permite una efectiva protección del viento, y su sistema de ventilación permitía a los baqueanos encender fuego en su interior para calefaccionarse.
En este punto la altitud es de aproximadamente 3800 m.s.n.m. y marca el comienzo no sólo de la altiplanicie conocida como puna sino de otra cuesta, la Quebrada del Peñón. Es muy común el avistaje de cóndores sobrevolando circularmente, y de guanacos y vicuñas pastando en las vegas, sobre arroyos de deshielo o simplemente a la vera del camino.
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| Vicuñas pastando al costado del camino. |
Es inevitable querer dejar registrado vuestra presencia en este entorno de tan sublime belleza.
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| En el Portezuelo del Peñón con el imponente Cerro Azul a nuestras espaldas. |
La última estación se realiza en un sitio llamado Portezuelo de la Laguna donde la vegetación es prácticamente escasa y la soledad le aporta al ambiente un encanto muy particular.
Atravesando este paso apenas algunos km más adelante ya tenemos las primeras vistas de nuestro destino final. Previa indicación del guía giramos a la izquierda saliendo de la ruta hacia una bajada secundaria de ripio sólido perfectamente transitable. Si continuáramos por la ruta principal nos dirigiríamos a Paso Internacional Pircas Negras.
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| Primeras vistas de la laguna, que a la distancia parece un salar. |
El guía aconseja extremar la precaución con la apertura de las puertas, ya que el Huayrapuca, viento de la puna en quechua, puede ocasionar algún inconveniente. Casi como un acto reflejo, ante la magnificencia del lugar, lo primero que uno hace apenas desciende del auto es documentar su presencia.
El grupo estaba exultante de alegría por haber logrado acceder a un lugar tan distante, con características de terreno y climáticas tan extremas, pero de una inconmensurable belleza.
La laguna está custodiada por un grupo de volcanes inactivos como el Cerro Bonete Chico. (6759 m.s.n.m.), Cerro Bonete Grande. (5943 m.s.n.m.), Cerro "Nevado" Veladero. (6436 m.s.n.m.) y el Monte Pissis. (6795 m.s.n.m.) entre otros.
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| Volcán Veladero (primero izq.), Reclus (medio) y Bonete Chico (der.) |
La laguna de 17 km de largo y 5 de ancho está ubicada a 4380 m.s.n.m., tiene entre 75 cm y un metro de profundidad y está rodeada de amplios salitrales.
Su afluente son aguas de deshielo de los cerros circundantes, pero su composición es salada por el arrastre de minerales y por la evaporación, que es su único efluente.
Ni la baja sensación térmica ni el constante viento presente evitan que el visitante quede cautivado ante el aislamiento y la inmensidad y del entorno.
Andes en quechua significa ¨lugar donde brilla el sol¨, el diáfano cielo azul así lo demostraba.
Después de permanecer en la zona del Golfito por aproximadamente 40 minutos los guías nos invitaron a regresar a nuestros vehículos para dirigirnos a otro sector de la laguna donde a pocos metros de la costa se puede observar los restos del ala de un avión.
Se trata de un Curtiss C-46 perteneciente a la compañía argentina Aerolíneas Carreras cargado con yeguas peruanas que un 30 de abril de 1964 partió de Lima hacia Buenos Aires pero tuvo que acuatizar de emergencia por una falla en uno de sus motores. Afortunadamente, los seis pasajeros sobrevivieron y sólo tres animales debieron ser sacrificados por las fracturas recibidas. Binoculares mediante, restos del fuselaje también pueden observarse a la distancia, inclusive he visto videos de viajeros que han logrado aproximarse e ingresar al mismo.
El azul profundo del cielo de la puna, las caprichosas formas de las nubes y la paleta de colores que ofrece la cordillera, le dan un marco paradisíaco al paseo.
Nuestra excursión llegaba a su fin, sin embargo, si se dispone de suficiente tiempo y buen clima, el paseo se completa con una visita a otro refugio llamado Laguna Brava o Destapadito en la punta norte, donde también pueden observarse géiseres.
Regocijado ante tamaña experiencia, no puedo evitar brindarle un humilde homenaje al noble Palio Adventure que me trajo hasta acá.
Salvo una pinchadura de uno de los automóviles y un pequeño desperfecto en la electrónica de otro, el retorno se dio sin mayores contratiempos, disfrutando las vistas con otra luz solar y desde otra perspectiva, ampliamente satisfechos por haber tenido la oportunidad de conocer e interactuar con semejante regalo de la naturaleza.




































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