Puna 2019 (2da Parte)

Muy temprano al día siguiente debíamos disponernos a visitar los Geisers del Tatio, la atracción que nos había motivado a aventurarnos por aquellas latitudes. Se trata de uno de los mayores campos geotérmicos del mundo, formado por numerosos cráteres que emanan agua y vapor a altas temperaturas brindando un espectáculo único. Su mayor actividad se desarrolla a horas muy tempranas, es por esto que se debe madrugar para lograr disfrutar del lugar a pleno. Una luna esplendida se despedía y el amanecer nos recibía con muy bajas temperaturas ya que la altitud es de unos 4200 m.s.n.m.



A medida que el sol comienza a asomarse detrás de aquellas cumbres andinas de mas de 5900 m.s.n.m., la actividad geotérmica muestra su desarrollo, despertando el interés de los visitantes.



Con extremada precaución, es posible acercarse a cualquiera de los géiseres para observar de cerca cómo brota el agua burbujeante desde las profundidades de la tierra.



Las columnas de vapor de hasta 7 m de altura llamadas fumarolas dan cuenta de la intensa actividad del lugar.





Ya con el sol radiante, las columnas de vapor apenas pueden ocultar el suelo colorido y el diáfano cielo coronado por hermosos cerros.



Como si esto fuera poco el complejo cuenta con pozones donde los turistas pueden tomar baños de inmersión en sus cálidas aguas termales. 



Para mayor comodidad, el lugar dispone de varios vestidores dispuestos a su alrededor. 



Contemplar esa majestuosa obra de la naturaleza, en pleno altiplano andino, rodeado de cerros y volcanes con sus picos nevados era un lujo al cual no podía resistirme y que quedará grabado en mi memoria para siempre. 


Al promediar la mañana los contingentes de turistas comienzan a retirarse y es posible disfrutar del lugar con mayor comodidad.
Desbordados de felicidad por haber tenido la posibilidad de conocer semejante obra de la naturaleza emprendimos tranquilamente el regreso hacia San Pedro, pudiendo ahora con luz solar disfrutar del camino. 



Hacia el este la panorámica era sublime. Una sucesión de picos en territorio boliviano acompañaban al volcán Putana a reflejarse en una cristalina laguna.



El apacible aislamiento es brevemente interrumpido por la localidad de Machuca que brinda la posibilidad de hacer un alto a mitad del camino para degustar platos regionales y adquirir alguna artesanía.



Vegas con arroyos y lagunas permiten el avistaje de flamencos alimentándose tranquilamente en sus aguas. 





Los volcanes Juriques (izda.) y Licancabur (dcha.) nos recuerdan que estamos muy cerca del límite con Bolivia. 


El camino desciende suavemente permitiendo observar una línea interminable de cerros y volcanes en el horizonte.



Sin embargo, el Vn. Licancabur se destaca como fiel centinela sobre el resto.






Y como corolario del recorrido, el extenso Salar de Atacama se deja ver en su último tramo lejano en el horizonte.


Pasado el mediodía ya estábamos nuevamente en San Pedro, almorzamos, tomamos un reconfortante descanso y a la tarde decidimos recorrer un pintoresco sitio muy cerca del pueblo. Se trata de un fantástico afloramiento de rocas llamado Cordillera de la Sal. 



El lugar cuenta con una gran variedad de esculturas naturales, diferentes tipos de estratificaciones y coloraciones variadas por la diversidad mineral del lugar. El nombre deriva del hecho de que sus rocas poseen una gran cantidad de sulfato de calcio, lo que les da el aspecto de estar salpicadas con sal.



Es recomendable ver la puesta de sol cuando cambia al desierto de rojo a púrpura y luego a negro, ideal para tomar hermosas fotografías.



El día culminó con un breve paseo por las pintorescas calles de San Pedro, flanqueadas por construcciones de adobe tan características de la región. 






Nuestra estadía en el país trasandino llegaba a su fin y debíamos comenzar el retorno. Decidimos hacerlo por un paso diferente, el Paso de Sico que nos devolvería a la provincia de Salta. Para ello al día siguiente tomamos rumbo sur por la ruta 23 CH que a pocos km de San Pedro comienza a atravesar el Salar de Atacama. 






Hacia el oeste, en el horizonte, se logra apreciar la inmensidad del salar. 



Hicimos una breve parada en una de las tantas ermitas que hay a la vera de las rutas chilenas para dar el último vistazo a los volcanes Licancabur y Juriques.



Un excelente asfalto nos permite avanzar tranquilamente, atravesamos el ingreso a la Laguna Cejar que si bien es uno de los atractivos más importantes del lugar, decidimos visitarla en otra oportunidad. Traspusimos el ingreso a la localidad de Toconao y a los pocos km avistamos el ultimo pueblo antes de iniciar el cruce, Socaire.




Parte posterior de  la iglesia antigua de Socaire. Cuenta con obras del periodo colonial. Su torre campanario es de piedra canteada.
Desde este punto el camino se torna sencillamente espectacular, la ruta serpentea entre cerros y volcanes con sus picos nevados buscando el terreno apropiado.




Será el Vn. Tumisa ( 5670 m.s.n.m)?
Avanzamos deleitándonos con el entorno hasta que un cartel nos invitó a girar a la izquierda para tomar un camino de ripio que nos llevaría a las Lagunas Miscantis y Miñiques. No podríamos haber tomado una decisión más acertada, ya que es un lugar de ensueño. Una vez abonado el ingreso en la casilla de entrada, un simpático lugareño nos dio la bienvenida. 


Vicuña a la vera de la laguna y el volcán Miscantis. 
Es uno de los 7 sectores de la reserva nacional Los Flamencos, se recorre por un camino en altura delimitado que permite unas vistas espectaculares tanto de la laguna como del volcán Homónimo.



Contigua a la laguna Miscantis se encuentra la laguna Miñiques, si bien es mucho más pequeña, su belleza también es majestuosa. 



Permanecimos algo más de media hora contemplando y admirando la prístina imagen que nos regalaba este pedacito de los andes chilenos. 


Laguna Miñiques. 



Uno tiene la sensación de estar lejos de todo, y a su vez muy cerca lo que la madre naturaleza nos regala. Estar rodeados de volcanes con sus picos nevados en aquel altiplano tan solitario nos regocijó por completo. 


Ingreso a la reserva. De izq. a der. Vn Lejia, Vn. Chiliques, Vn. Miscantis y Complejo Puntas Negras. 
Desandamos el ingreso a este rincón de la reserva para retomar nuestro camino. El asfalto nos dió nuevamente la bienvenida y a los pocos km estábamos frente a frente con otra vista sublime, el salar y la laguna de Aguas Calientes. 



Desde la ruta se obtiene una panorámica completa, el contraste de colores y la ausencia de cualquier vestigio de vegetación le da al entorno un marco sensacional, una parada inevitable para la toma de fotografías.







Hacia el otro lado de la carretera observamos a un grupo de vicuñas que se alimentaban a la vera de una pequeña laguna custodiada por un imponente cerro. 



El Salar El Laco nos indicaba que estábamos pronto a trasponer el control migratorio.




Sin embargo, la presencia de conos atravesando el camino al costado del puesto fronterizo nos presagiaba que algo podía estar mal. 




Efectivamente, nos informaron que el cruce estaba cerrado por anegaciones del camino en el lado argentino debido a las fuertes lluvias de algunos días atrás en la zona. Sinceramente, el imprevisto nos tomó por sorpresa, la alternativa era desandar todo el camino y emprender el cruce por el Paso de Jama, pero teniendo en cuenta que era pasado el mediodía decidimos pernoctar una noche más en San Pedro, esta vez en el Hostal Tuyasto




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